| Si alguien está manteniendo en pie a la
profesión médica, son las mujeres. El alumnado de las facultades
de Medicina españolas ha descendido un 10% en la última
década. Sin embargo, el bajón ha coincidido con un notable
incremento del número de estudiantes femeninas: en 2000 representaban el
70% y, en 2001, eran el 64% de los licenciados que optaban a una plaza de
Médico Interno Residente (MIR). El incremento ya es evidente en las
consultas, donde actualmente, cerca de la mitad de los profesionales en
ejercicio es mujer. Y el futuro también es suyo: el 75% de los nuevos
galenos pertenece a este sexo y su edad es, como media, 10 años inferior
a la de sus colegas.
¿A qué se debe la rápida feminización del
colectivo? ¿Por qué ha disminuido el interés de los hombres
en esta actividad? Para Carmen Valls-Llobet, endocrinóloga y presidenta
del Centro de Análisis y Programas Sanitarios de Barcelona, el
fenómeno se debe a la desvalorización económica y
social de la profesión y también a que las mujeres, al
elegir ocupación, tienden culturalmente hacia el sector
servicios. En opinión de esta experta, invertir esta tendencia
requiere dignificar y revalorizar la profesión, para que la
recompensa sea proporcional al esfuerzo que exige.
Valls-Llobet y Pilar Arrizabalaga, del Hospital Clínic de Barcelona,
analizan las consecuencias de este cambio en la profesión en un
artículo que publicará el próximo número de
Medicina Clínica. Así, señalan que la
presencia de féminas es mayor en el sector público, mientras que
en el privado predominan los varones y cómo hay especialidades
más femeninas, como la medicina de familia, la pediatría y la
ginecología, mientras otras, como la cirugía, se les resiste.
La incorporación de las doctoras ha modificado el estilo de la
práctica asistencial. La investigación indica que, en los centros
de salud, la satisfacción del paciente se asocia con más
frecuencia a ser atendido por el sexo femenino. Las médicas de
atención primaria tienen mejor relación con sus
clientes que sus colegas masculinos pero, además, tienen
mayor disposición a dar consejos preventivos y emplean hasta un 10%
más de tiempo en las visitas. Su influjo se nota también en
ginecología y obstetricia: hacen menos cesáreas y manifiestan
más interés en prevenir enfermedades de transmisión
sexual.
El artículo denuncia, no obstante, que a pesar de la creciente
feminización, persiste el sistema jerárquico y
machista a la hora de repartir puestos de trabajo y cargos de
responsabilidad. De los más de 20.000 médicos desempleados, el
61% pertenece al sexo femenino. Su presencia en los puestos de mando es baja en
las instituciones académicas, centros de investigación y en las
gerencias de los hospitales y centros de salud. Un ejemplo: en España
hay 15 catedráticas, lo que representa apenas el 4% del cómputo
global. Una encuesta realizada entre las doctoras del Colegio de Médicos
de Madrid reveló que el 44% había sentido discriminación
laboral.
La profesión se cobra en la salud de ellas un precio más alto,
quizá porque a su trabajo añaden la demanda doméstica
habitual. Son un 60% más proclives al desgaste psíquico, sufren
más estrés y depresión, más acoso laboral y sexual
que sus colegas varones y, respecto a mujeres con otras ocupaciones, sus
embarazos son de alto riesgo y tienen mayor peligro de aborto.
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