| El 27% de los agricultores alaveses son mujeres.
Una población que, aunque considerable, se siente ninguneada ante las
actuales políticas existentes que, según EHNE, no tienen en
cuenta medidas de conciliación entre la vida laboral y familiar. Por
eso, desde el sindicato agrario demandan nuevas iniciativas que permitan al
colectivo femenino mejorar su situación actual en la zona rural.
vitoria.¿Cuál es
la situación de las mujeres agricultoras en nuestro territorio?
Lo más característico de la actividad agraria es que vivimos y
trabajamos en un mismo espacio, por eso se mezclan más los dos trabajos.
Además, si ya en cualquier actividad las mujeres tienen una jornada
doble o triple, en el caso de la actividad agraria las jornadas son
todavía mayores. Esto sucede con más fuerza aún en la
actividad ganadera y de venta de leche.
¿Cuántas horas trabajan al día?
El calendario laboral de las mujeres que se dedican a la agricultura es de
365 días al año. Sucede, además, que llevan también
la gestión de las explotaciones. Por eso, estamos hablando de ocho horas
de jornada laboral, más el trabajo doméstico, el cuidado de
ancianos y niños, los transportes...
¿Les ampara la ley de conciliación laboral y familiar?
En la actividad agraria hay muchas mujeres que no tienen seguridad social y
que, por ello, no tienen reconocimiento de ninguna clase. Se les ponen muchas
dificultades y se les dan argumentos del siglo pasado, como que con el sueldo
del marido pueden mantener la unidad familiar. Además, son
víctimas de seguimientos y se les exigen muchos papeles, ya que se llega
a dudar de que una mujer sola pueda llevar esa actividad.
Me imagino que también habrá habido avances importantes en
los últimos años, al igual que ha sucedido en otros
ámbitos.
Ha habido mejoras, efectivamente. Por ejemplo, el tema de la seguridad
social que, aunque con las carencias que hablábamos antes, es todo un
logro que las mujeres puedan acceder a ella. También ha variado la forma
de organizarse las parejas. Existe otra mentalidad. Sin embargo, dicen los
técnicos de igualdad que nos quedan todavía 400 años.
¿Qué tipo de ayudas reciben?
Las mismas que la demás mujeres. No hay una ayuda especial en la
actividad agraria. Sin embargo, sí que se están poniendo en
marcha medidas de ayudas de mejora a las explotaciones por el hecho de ser
mujer. A ellas se les da un 5% más de subvenciones.
¿Es distinta la situación en otros países
europeos?
Sí, hay muchas diferencias. Sobre todo se ha avanzado en el estatuto
de la mujer agricultora. Sucede en países como Austria y Noruega, donde
hay un mayor reconocimiento de la actividad agraria y del papel de las mujeres
dentro de este sector.
¿Los obstáculos que se les presentan a estas mujeres son
mayores que los que deben afrontar las que trabajan en la ciudad?
Sí, sobre todo en lo que se refiere a equipamientos y servicios.
Estos últimos no tienen en cuenta las especificidades de la actividad
agraria o de los núcleos rurales en general. Por ejemplo, la ley exige
que para que se abra una guardería tiene que haber un mínimo de
ocho niños; algo difícil de cumplir en un pueblo en el que viven
cerca de 50 personas.
¿Por dónde se debería empezar para cambiar la
situación?
Lo que vemos es que todavía vivimos en un mundo de valores masculinos
y machistas. Incluso las explotaciones agrarias de las mujeres son diferentes a
las de los hombres. Tan sólo un 1% de las explotaciones que son
dirigidas por las mujeres son grandes. Por eso consideramos que habría
que feminizar todas las políticas.
¿Cuál es el papel de los hombres en esta
problemática?
Los hombres tienen que entrar a hablar, a plantear soluciones y a
implicarse. Aunque somos las que lo sufrimos, no es un problema de sólo
de mujeres, es un problema social y no hay forma de cambiarlo si no hay
participación de los hombres.
¿Los casos de violencia son mayores o los mismos que en otros
sectores?
Se dice que un 40% de las muertes son en la zona rural. Y es precisamente
donde menos población hay.
¿Estos obstáculos provocan que cada vez sean menos mujeres
las que trabajan en esto?
No, el número de pérdida de empleo es parejo en
cuestión de género. Lo que sí se está dando es que
las mujeres no animan a sus hijos e hijas a continuar con la actividad, y ya
sabemos la influencia que tenemos en nuestras familias. La tendencia es optar
por otras alternativas laborales en lugar de mantener esta actividad entre las
diferentes generaciones.
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