| Nada de paños calientes para el mercado
de trabajo |
El proceso de negociación de la reforma
laboral vive sus horas más bajas, con una actitud sindical de pesimismo
pese a que el Gobierno ha seguido manteniendo que habrá acuerdos. El
plazo concedido por el Ejecutivo para lograr el pacto termina a finales del
primer trimestre.
Gobierno, patronal y sindicatos vuelven a sentarse en la mesa de
negociación para buscar un acercamiento en las posturas sobre las
reformas del mercado de trabajo y de la Seguridad Social, con la premura de que
el plazo concedido por el Gobierno para lograr el acuerdo concluye a finales de
este primer trimestre. El proceso de conversaciones se encuentra desde finales
de año en sus horas más bajas, con una actitud sindical de
pesimismo pese a que el Ejecutivo ha seguido manteniendo que habrá
acuerdos.
Las centrales sindicales son radicalmente opuestas a las propuestas de la
patronal CEOE de pretender rebajar los derechos de los trabajadores, al tiempo
que los empresarios descalifican a los sindicatos por poner en peligro la
creación de empleo y la competitividad de los sectores productivos.
Todos ellos rechazan las propuestas gubernamentales.
A estas tensiones, más o menos naturales, es necesario sumar las
discrepancias que se han creado entre las centrales sindicales como
consecuencia de que tan cerca del desenlace de las negociaciones, el Gobierno
decidiese efectuar la devolución del supuesto patrimonio sindical a UGT.
Esta decisión ha despertado los recelos de CCOO que considera que las
cantidades entregadas al sindicato socialista coinciden con las deudas que
acumulaba desde hace años por la escandalosa historia de las
cooperativas de viviendas de la PSV.
Caldera ha reconocido que las posiciones en la mesa de negociación son
"distintas y distantes" aunque el Gobierno y los agentes sociales
comparten el "diagnóstico" sobre los problemas del mercado
laboral y ahora lo que toca es hacer "esfuerzos" para encontrar
soluciones.
Este diagnóstico se basa en que el mercado laboral español tiene
demasiadas correcciones pendientes y que, cuanto más se retrasen,
más costará corregir los defectos y volver a ponerse a nivel de
la media de la eurozona. España está considerado el país
con mayor rigidez laboral de toda Europa e, incluso, de los países
más desarrollados del mundo, que componen la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Sin embargo, a nadie se le escapa que las recomendaciones, tanto de este
organismo como del Fondo Monetario Internacional, regido por el ex
vicepresidente Rodrigo Rato, son difíciles de cumplir por lo abrupto de
sus propuestas. La modernización del mercado laboral español
siempre se ha logrado con medidas parciales que han actualizado los tipos de
contrato en cada coyuntura económica y que han permitido un ritmo de
crecimiento de la creación de empleo más que aceptable. Sin
embargo, en esta ocasión, la rebaja de la actual rigidez tanto en la
temporalidad de los contratos como en el coste de los despidos no permite
andarse con paños calientes.
Los interlocutores sociales deben negociar y el Gobierno asumir los costes
políticos que se deriven de estas negociaciones, ya que las propuestas
planteadas por el Gobierno se encuentra excesivamente lejos de las mantenidas
por las partes.
El panorama en la mesa de Seguridad Social también resulta desalentador,
ya que a las diferencias que existen entre CCOO y UGT, a raíz del pacto
firmado por los primeros con Gobierno y patronal en el año 2001, se
debate el alargamiento de la edad de trabajo y la desaparición de las
pensiones parciales, consideradas como muy caras para el presupuesto del
Estado, que ponen al Gobierno radicalmente frente a ambas centrales sindicales
e, incluso con la patronal.
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Publicado por La Opinión de A Coruña digital,
el 14 de enero de 2006
Autor: Alfonso Pajuelo |
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