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Un tribunal de Madrid califica un suicidio de accidente laboral provocado por estrés
Las condiciones laborales sumieron a Rafael García en una depresión profunda

Un tribunal de Madrid ha calificado el suicidio de un hornero como un accidente laboral porque se produjo tras una depresión reactiva al estrés provocado por las condiciones laborales que sufría. En un año este hombre, que trabajaba una media de 14 horas diarias, llegó a sumar 528,5 horas extraordinarias. La empresa ha recurrido la sentencia, en la que se señala que cuatro trabajadores denunciaron a la compañía a la Inspección de Trabajo en junio de 2003 por «comunicar la jornada a realizar de forma verbal y con una antelación de 24 horas, llegándose a producir cambios en la jornada de forma diaria».

La sentencia dictada por Segismundo Crespo, titular del Juzgado de lo social 11 de Madrid, señala que el suicidio de Rafael García se produjo «a consecuencia de factores relacionados con el ambiente laboral en que se encontraba, que le llevó a una depresión reactiva a estrés laboral, que determinó, en último lugar, el suicidio», según informó ayer el diario «El País».

Rafael tenía 50 años y era hornero en las exclusivas pastelerías madrileñas Mallorca, en las que se empleó en 1972, cuando tenía 19 años. Según el fallo judicial, durante 23 años no tuvo problemas. Las tensiones empezaron en 1995, cuando se cambió la dirección de la empresa y se nombró a un nuevo encargado. «Cuando había mucho trabajo, cambiaba el horario o el día de descanso, sin previo aviso. Si alguien ponía reparos, nos decía que nos atuviéramos a las consecuencias» señala la sentencia.

El horario de Rafael era de seis de la mañana a una de la tarde. «Como el resto de los trabajadores, estaba sometido a continuas presiones para que realizara horas extras». Éstas «se abonaban en metálico, fuera de nómina. A veces se compensaban con días libres», añade el texto. Rafael llevaba un cuaderno en el que anotaba sus horas extras, que la viuda aportó al juicio. Entre julio de 2002 y junio de 2003 sumó 528,5 horas. Por ellas, percibió 6.984,73 euros. «Me gustaría decirles a los jefes que escuchen a sus trabajadores. Mi marido se quejaba, les decía, que no podía más, que no podía trabajar 14 horas», asegura Manuela. Le respondían que cogiera la baja.

Tras dos bajas médicas, un intento de suicidio y tres años de depresión, Rafael se quitó la vida en 2003.



Publicado por La Nueva España, el 14 de enero de 2006

Autor: Redacción
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