| Absentismo laboral: en precario |
NO es la primera ocasión en que, desde
esta sección, tratamos esta plaga. Quizás porque nunca nos
faltaron motivos. El absentismo laboral injustificado o justificado de
manera ilícita es el modo de vida habitual de unos singulares
individuos, especialistas en el arte de abusar de la buena fe contractual, a
costa de los bolsillos del sufrido contribuyente, en detrimento de la
productividad de las empresas de las que dependen y arriesgando los puestos de
trabajo de otros trabajadores que sí cumplen sus obligaciones.
Casi siempre "justifican" su incapacidad laboral valiéndose de
una baja médica. Con la credencial, los susodichos se ausentan,
impunemente, del puesto de trabajo. Eso sí: la "incapacidad"
no les impide dedicarse a trabajos por cuenta propia e incluso prestar sus
servicios a otras empresas.
La última columna que suscribí sobre este candente
fenómeno fue publicada en el Día de Córdoba con fecha 2 de
mayo pasado. La publicación se debió a que, a la sazón,
era noticia la empresa municipal de limpieza de Córdoba, Sadeco, por el
elevado muestrario de absentismo laboral que sus trabajadores exhibían.
No era la primera vez que los responsables de la mercantil advertían del
galopante e insostenible fenómeno y de las medidas disciplinarias que se
proponían poner en práctica si no se corregía de inmediato
el abuso. Los resultados fueron desoladores: el absentismo no se
corrigió. De nada sirvieron las advertencias.
Sin embargo, hoy tenemos motivos bien diferentes para abordar el problema.
Disponemos de elementos de juicio que acreditan que el pernicioso
fenómeno absentista puede ser tratado con resultados esperanzadores.
Ilustramos nuestro criterio con dos casos muy recientes.
Dos trabajadores de las empresas municipales IMSC y Egemasa, respectivamente,
de Puente Genil, presentan baja médica. Los gestores de ambas empresas
conocían muy bien de los efectos nefastos del absentismo laboral.
Más atentos a los criterios de rentabilidad empresarial que a motivos
políticos, recurrieron a los servicios de un despacho de detectives
privados de Córdoba para que comprobasen las...
"incapacidades" (?) alegadas.
Los detectives encargados de la investigación comprobaron, y acreditaron
documentalmente, que, en efecto, ambos trabajadores se encontraban trabajando y
desarrollando actividades que requerían un esfuerzo mayor que el que
tendrían que efectuar en las indicadas empresas de que dependían.
Es decir: aportaron pruebas que evidenciaban que ambos trabajadores se
encontraban en perfectas condiciones de trabajar en las empresas a las que se
encontraban vinculados. No lo hicieron. Obviamente, sufrieron las
consecuencias: sus contratos fueron resueltos por despido declarado procedente
por la autoridad judicial. Con todos los merecimientos.
Es la manera: con actuaciones así, los pícaros no tienen futuro.
Amén.
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Publicado por El Día de Cordoba, el 23 de enero de
2006
Autor: Redacción |
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