| Denuncian la muerte de un hombre tras negarle
la incapacidad por tres veces |
Al enfermo, con un linfoma, le obligaron a
incorporarse al trabajo cuatro meses antes de fallecer tras agotar los periodos
de baja La viuda reclamará «daños y perjuicios» al INSS
por el sufrimiento de su marido
«Voy a reclamar daños y perjuicios a la Seguridad Social por todo
lo que han hecho pasar a mi marido antes de morir». María
Díaz, viuda de un vendedor de cupones de la ONCE, Manuel Suárez,
se siente destrozada por los años de calvario por los que pasó su
esposo antes de fallecer el pasado 28 de diciembre por un linfoma de Hodgkin.
Junto a los avatares de la enfermedad, el paciente libró, sin
éxito, una auténtica lucha burocrática con la Seguridad
Social para que le reconocieran que estaba imposibilitado para cualquier tipo
de empleo y que requería una ayuda por gran invalidez. Tras agotar todos
los periodos de baja, en septiembre del 2005 le obligaban a incorporarse a su
puesto de trabajo después de serle denegada por tercera vez la
incapacidad. Tuvo que ser hospitalizado a los pocos días y expiraba en
su casa apenas tres meses después.
Vendedor de cupones de la ONCE al sufrir una ceguera parcial, Manuel
Suárez empezó su calvario en 1997, cuando los médicos le
detectaron un linfoma de Hodgkin que precisó de la extirpación
del bazo. Desde entonces su vida se vio marcada por «las altas y las bajas
médicas», señala José Antonio Abellán,
secretario general del sindicato de la Unión de Trabajadores de la ONCE
UTO-UGT. El pasado 28 de diciembre moría a los 55 años de edad.
Había perdido la poca visión que le quedaba, no tenía
fuerzas y sólo podía permanecer en la cama. Su mujer había
tenido que contratar a un matrimonio para que la ayudaran a moverlo, darle de
comer y limpiarlo, ya que ella y su hija no podían hacerlo solas.
Su caso iba a verse en un Juzgado de lo Social de Alicante el próximo
mes de mayo tras haberse recurrido la decisión del Instituto Nacional de
la Seguridad Social (INSS). Según José Antonio Abellán, se
pretendía «conseguir la gran invalidez», la cual se otorga
cuando el paciente tiene necesidad de terceras personas para hacer la vida
cotidiana. Anteriormente el asunto ya había llegado a los tribunales,
aunque la sentencia fue favorable a la Seguridad Social, «en contra de los
informes médicos».
Tras la muerte de su marido, María Díaz está dispuesta a
pedir responsabilidades con el apoyo de UTO-UGT. «Vamos a presentar una
denuncia como sindicato contra el equipo de valoración de la Seguridad
Social», explica José Antonio Abellán. Aunque el gabinete
jurídico todavía está estudiando las acciones legales a
seguir, «se van a pedir daños y perjuicios por obligar a un
empleado a ir a trabajar sin que estuviera en condiciones para ello».
La primera vez que le denegaron la incapacidad fue en abril del 2003 y la
última el 31 de agosto del 2005. Cada petición se realizaba
después de haber agotado los 18 meses de baja permitidos por la ley en
cada periodo, por lo que al serle denegada la solicitud la Seguridad Social le
obligaba a retomar su empleo. «El quería trabajar, pero no
podía. Se incorporaba a su puesto a base de calmantes y yo tenía
que vender los cupones por él, porque tenía diarreas e iba
continuamente al baño», explica María Díaz.
El 31 de agosto del año pasado, Manuel Suárez recibía la
notificación de que se le denegaba por tercera vez la incapacidad
permanente. Según el informe remitido por el Instituto Nacional de la
Seguridad Social, el paciente sufría un «trastorno depresivo mayor
y un trastorno ansioso de la personalidad, una hernia discal con fibrosis
postquirúrgica, crisis convulsivas, una atrofia córtico
subcortical cerebral», un linfoma de Hodgkin y neumonía. Tras
analizar las secuelas y las patologías, el equipo de valoración
médica proponía «la no calificación del trabajador
como incapacitado permanente, por no presentar reducciones anatómicas o
funcionales que disminuyan o anulen su capacidad laboral». En base a este
dictamen, se extinguía la prórroga de la baja laboral.
Tras esta resolución, el afectado solicitó su reingreso en la
ONCE. Ante la gravedad de su estado, sin embargo, la empresa optó por
darle «24 días de vacaciones para ver si mejoraba», explica su
viuda. A los siete días «lo ingresaron en el hospital de
urgencias», de donde sólo saldría desahuciado y con una
metástasis que «le afectó el cerebro».
Informes médicos
Un informe de la Clínica Vistahermosa de Alicante del 1 de noviembre
señalaba que el paciente sufría un «linfoma de Hodgkin en
remisión, epilepsia, neumonía comunitaria y colecistectomia,
además de fuerte dolor abdominal». 18 días después,
en un nuevo examen se le diagnosticaba una polineuritis aguda por
síndrome de Guillain Barré, «presentando una
situación de incapacidad absoluta» y precisando de ayuda de
terceras personas. Según el certificado médico de
defunción, el fallecimiento se produjo por una insuficiencia
respiratoria, el linfoma y el síndrome de Guillain Barré.
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Publicado por La Verdad de Alicante, el 26 de febrero de
2006
Autor: Irene Genovés |
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