| Vista la demanda de la viuda del camionero
muerto tras un cabezazo |
La defensa sostiene que ha quedado acreditado que
las empresas infringieron la ley de prevención de riesgos
La demanda de recargo de prestaciones presentada por la viuda del camionero
Juan José López, muerto el 5 de noviembre de 2003 tras sufrir el
cabezazo de un compañero de trabajo y colisionar posteriormente contra
el muro perimetral de Asturiana de Zinc (AZSA), quedó ayer vista para
sentencia en el Juzgado de lo social número 2 de Avilés. La
agresión sufrida por el camionero, perteneciente a la empresa
Logística de Castrillón, se produjo durante una discusión
por el turno de carga de jarofix, uno de los residuos de la fabricación
de cinc.
Según el asesor legal de la viuda, Marco Antonio Iglesias, en el
transcurso del juicio quedó demostrado que la empresa no ejercía
ningún control sobre unas labores de carga y descarga que ya se
habían demostrado conflictivas en el pasado, puesto que la empresa
fomentaba la competencia entre los trabajadores para incrementar el
número de traslados de jarofix entre AZSA y la cantera de El
Estrellín. Los trabajadores además indicaron que los responsables
de Logística sólo pasaban una vez al día por AZSA. Por
tanto, indicó Iglesias en el juicio, la agresión sufrida por el
trabajador «fue por motivos laborales y por falta de una dirección
efectiva de la empresa».
Otro de los puntos sobre los que hizo hincapié el asesor de la viuda fue
el hecho de que se permitiese al camionero continuar con sus viajes de
material, pese a que estaba semiinconsciente a consecuencia del cabezazo.
«Nadie dio la voz de alarma», indicó Iglesias, algo que no
debería extrañar, puesto que los trabajadores reconocieron en la
vista que no habían recibido formación en materia de primeros
auxilios y riesgos laborales. Iglesias también reprochó a AZSA el
no haber puesto en marcha el protocolo de accidentes laborales, como hizo
respecto a los tres trabajadores heridos por salpicaduras de ácido
sulfúrico el pasado martes.
Tanto Logística de Castrillón como AZSA calificaron la
discusión que llevó al cabezazo como un asunto personal ajeno a
cuestiones laborales. Incidieron en que el trabajador asumió su propio
riesgo al volver otra vez al volante pese a estar muy afectado por el golpe.
Defendieron que el accidente había sido fortuito por una
actuación temeraria del trabajador.
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Publicado por La Nueva España, el 25 de
mayo de 2006
Autor: L. A. Vega |
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