| La Pujanza de las Letras Frente a las Armas de
la Nobleza de la España de los Austrias |
"Y así conviene que con las artes liberales se
domestique y adorne la sciencia política", factor crucial que marca
una notable distinción con los movimientos bélicos de la Edad
Media y los siglos XVI y XVII. De esta forma el espíritu
humanístico impregna la sociedad y es aplicado vivamente por la
élite socio-política, lo que favorecería el
establecimiento de dos polos antagónicos que se repelen: de un lado el
avance del pueblo con una tendencia hacia las lenguas locales, marginando el
latín y estudios clásicos y por otro lado los centros financieros
y aristocráticos donde el gusto por los clásicos predomina y
surge la figura del patricio, alejando ó despreciando al plebeyo.
Reflejos que se perciben en los poemas épicos, y alcanzan su plenitud en
el Quijote, cotidianidad combinada con el espíritu de la
caballería (J. Marías, 27). Reflejos que se observan en el
ánimo para la lectura, las armas y desprecio hacia las mismas; locura
frente cordura. Constantes que han movido las directrices de un pueblo durante
siglos.
El eclipse de la vocación guerrera de la nobleza, favoreció las
múltiples oportunidades de la vida dedicada al ocio, legado
humanístico y cultivo de la educación. "Quien no
tenía vocación personal por las letras había por lo menos,
heredado libros y obras de arte, tenía que alternar con personas
instruidas ... según costumbre satisfacía su vanidad costeando la
impresión de un libro, en cuya pomposa dedicatoria se exaltaba en
términos ditirámbicos su estirpe..." (Domínguez
Ortiz, A., 162)
Frente a la sobriedad, austeridad y asceticismo del reinado de Felipe II, la
vida en la sociedad española de los Austrias menores fue mucho
más animada. En todos los campos de la cultura hubo una fase de enorme
florecimiento que superó a la anterior. La relativa retracción
que podía percibiese en la acción bélica de España,
no coincidía con la expansión del pensamiento, literatura y el
arte; se desarrollaba una vida más dinámica, socialmente
más abierta y libre, con alto florecimiento literario y
artístico. El mayor esplendor en estos dominios correspondió a la
época de Felipe II y se prolongó durante todo el reinado de
Felipe IV. Tras la edición del Lazarillo de Tormes, no se publicó
ninguna novela picaresca en la segunda mitad del XVI, coincidiendo con el
gobierno de Felipe II. Posteriormente, aparecieron Guzmán de Alfarache y
el Buscón.. Toda la vida literaria de Cervantes se concentró
entre 1605 y 1616, fue un hombre que vivió en tiempo de Felipe II, pero
fue un escritor de la época de Felipe III. Para Julián
Marías esta segunda etapa constituiría "la dilatación
de la vida". La vida española se dilata y a la vez tiene menos
tensión. Cervantes, como miembro activo de la sociedad de finales del
reinado de Felipe II absorbió intensamente la realidad cotidiana de
estos momentos, en que España, verdaderamente apasionada, estaba en
todas partes y se afanaba por todo. Fue una época, según
Marías de expresión. La vida de Cervantes refleja esta coyuntura:
la absorción de realidad durante la primera parte de su vida, la
expresión a la que dedica sus últimos años, y que va a ser
la casi totalidad de su obra. La obra de Cervantes se engendró en los
momentos de inicio de decadencia política y financiera y se
expresó en la fase de debilitamiento europeo.
El cambio de mentalidad de la clase nobiliario supuso una crítica severa
en las obras literarias "Las viejas armas que hay en su casa están
tomadas de orín"(El Quijote), "e tienen las armas guarnidas de
oryn/ préçianse muchos de rropas brosladas/ e porque no tengan
arcas despobladas/ esconden la doble, guardan el florín" comenta
Villasandino. Sin embargo, alguna parte de este estamento nobiliario, compraba
libros y los leía
Durante la primera parte de la centuria del seiscientos, escribieron y
publicaron Quevedo y Góngora y se representaron obras de Lope de Vega, y
Tirso de Molina. Fue también la época de madurez del Greco,
llegado a España durante la construcción del Escorial, para el
cual pintó San Mauricio, que no fue valorado positivamente por Felipe
II.
Las obras dramáticas alcanzaron las más altas cimas del arte con
las que el teatro español inauguraba una gran etapa que iba a ser
prolongada más allá de la segunda mitad del siglo gracias a las
obras de Calderón. Es importante remarcar la labor intersocial del
drama, comedia ó tragedias¡ bien los teatros eran construidos para
entretenimiento de los príncipes y su corte, los públicos iban
adquiriendo una asistencia variada y una notable presencia de mujeres.
Había coincidencias entre los teatros públicos de Londres y los
de Madrid fundados a finales del siglo XVI, como el Corral de la Cruz (1579) y
el Corral del Príncipe (1582). Sin embargo, en España no
desempeñó el mismo papel preponderante que en la vida social de
Londres.
Las piezas se escribían en lengua vernáculo, principalmente, pero
no hay que subestimar la importancia de obras dramáticas que se
escribían y representaban en latín. En los países
católicos, desde España a Polonia, las órdenes religiosas
dedicadas a la enseñanza, y especialmente los jesuitas, usaban de forma
deliberada las representaciones teatrales de los colegios con propósitos
educativos y propagandísticos. Si el lenguaje cuidado y culto iba
dirigido a unos espectadores instruidos, el gran énfasis puesto en los
efectos especiales, en la música y en la danza e incluso en los
entremeses pretendía captar círculos mucho más amplios que
abarcaban desde cortesanos y aristócratas de ambos sexos hasta burgueses
e incluso villanos. Muchos espectadores que no eran nobles, eran burgueses
acomodados, como comerciantes 6 gente de leyes, otros escritores 6 aspirantes a
escritores, y en general gente de un nivel de formación parecida.
Los teatros de Madrid siguieron a lo largo de este periodo atrayendo
espectadores de todas las clases sociales. Felipe IV, que tenía
pasión por el teatro y por las actrices, tenía un aposento
(palco) especial en cada uno de los teatros públicos y a los cuales iba
de incógnito. El clero tenía reservadas localidades en los
teatros. Los espectadores más distinguidos, tanto hombres como mujeres,
seguían las representaciones tras las celosías de las casas
circundantes al patio donde se levantaba el escenario; una zona de la parte de
atrás estaba reservada a las mujeres, la llamada cazuela y la parte
posterior del patio a los hombres que permanecían de pie.
A lo largo de la década de los cuarenta a cincuenta del seiscientos que
engloba las obras maestras de Lope de Vega y Calderón se encuentra una
infinita variedad de interacciones entre teatro y sociedad. En todos los
países europeos, el pequeño mundo del teatro refleja en alguna
forma lo que sucedía en el mundo exterior. Ya fuese dominado por la
corte ó se orientase hacia círculos más amplios de la
sociedad, el teatro, la farsa, el ballet y la ópera muestran como en un
espejo las aspiraciones, los temores y sufrimientos de una época
dominada por guerras entre países y guerras civiles sirviendo de
válvula de escape a las preocupaciones y angustias de la vida cotidiana,
gracias al brillo de unas representaciones en las que lo exagerado y lo
grotesco eran características señaladas.Desde un punto de vista
teórico, el noble era el elemento más puro y honesto de la
sociedad. Muchos tratadistas de la época sobre la nobleza, en especial
los que dirigen sus obras hacia la cuestión de la educación de
los nobles, coinciden en señalar que debe aparecer ante sus
contemporáneos como el compendio de todas las virtudes humanas
(Piccolomini, A., 1577).
La persistencia de los más puros valores nobiliarios es un hecho que
cubre todo estudio sociológico de las elites de los siglos XVI y XVII.
"De lo humano aprenda lo necesario para saber conservar y aumentar sus
utilidades y sus honras, para descubrir la ignorancia y apreciar la
sabiduría, para no ser engañado del lisonjero solista ni
aborrecido ó desestimado del verdadero sabio..." (Lope de Vega,
10). Por eso se da mucha importancia a que el maestro de un noble tiene que dar
a éste en su niñez y juventud una formación completa para
que con este tipo de enseñanzas integrales pueda llevar siempre una vida
recta huyendo de todo lo degradante del ser humano.(López de Montoya,
cap. XII).
" Que sus juguetes sean libros y armas",más preocupado por la
crianza " de un príncipe desde la cuna hasta la tumba' se mostraba
Saavedra Fajardo y para ello dedicó sus emblemáticas Empresas.
Esta buena educación es más necesaria en los príncipes que
en los demás, porque son instrumentos de la felicidad política y
de salud pública (Saavedra Fajardo, Empresa U). Para mandar es menester
sciencia, insiste Saavedra y continua en la Empresa IV " en la planta de
un edificio trabaja el ingenio; en la fábrica, la mano. El mando es
estudioso y perspicaz; la obediencia, casi siempre ruda y ciega". La vida
es maestra y debe reflejar vivencias o actos heroicos por medio del arte y,
para conseguir ese medio didáctico, Saavedra Fajardo incita a que las
estatuas y pinturas fomenten "en el pecho del príncipe gloriosa
emulación"(Empresa, 11): "Escriba el pincel en los lienzos, el
buril en los bronces y el cincel en los mármoles los hechos heroicos de
sus antepasados, que lea a todas horas, porque tales estatuas y pinturas son
fragmentos de historia siempre presentes a los ojos". Cuidado especial
merece esta puntualización descrita por el autor de las Empresas.
La atracción hacia la lectura podía conducir a efectos negativos,
del mismo modo que el cultivo exagerado a las letras y ciencias. Muestra de
ello es la locura mantenido y desarrollada por el Quijote. Las palabras que
pone Cervantes en boca de su personaje en el momento que despierta del profundo
sueño indican la necesidad de una selección de libros que
favorezcan la formación del alma: "Yo tengo juicio ya, libre y
claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me
pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de
caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos y no me pesa sino
que este desengaño ha llegado tan tarde que no me deja tiempo para
hacer, alguna recompensa, leyendo otros que sean luz de mi alma'.
La enseñanza intelectual de las letras el conocimiento de diversas
lenguas es muy necesario en el príncipe, porque el oír por su
intérprete ó leer traducciones está sujeto a
engaños á a que la verdad pierda fuerza y energía, "y
es gran desconsuelo del vasallo que no le entienda quien ha de consolar su
necesidad, deshacer sus agravios y premiar sus servicios" la
retórica-"un príncipe que ha menester que otro hable por
él, más es estatua de la majestad que príncipe "la
poética "es la poesía tan familiar en las cortes y palacios
y hace cortesanos y apacibles los ánimos", la filosofía, la
historia, e incluso las ciencias (las matemáticas, la
cosmografía, la geometría, la astronomía), y la
física de las armas, los caballos, etc. deben formar parte de la
educación del noble tema al que dan mucha importancia los escritores de
la época en contraste con la educación del hombre plebeyo de una
manera lo más completa y elevada posible, como medio conducente a aquel
objetivo de orden moral.
Lope de Vega manifiesta esta amplia formación humanística para
lograr un perfecto señor: "Tenga en primer lugar, conocimiento de
lo más pulido de su lengua.(..) alcance de la lengua latina y de la
toscana (... ) lo que le baste para entender bien los libros considerables
escritos en ellas (... ). A la noticia de lo que llaman letras humanas, se
aplique con curiosidad. No tanto a la parte crítica ( ... ) cuanto a la
elección de los ritos, gobierno y costumbres antiguas (... ) de la
retórica y poética estudie lo que pueda hacer un cortesano ( ...
) Luego subiendo a cosas mayores, ponga mayor cuidado en entender y resolver
los libros (... ) de los filósofos (... ) Lea frecuentemente los
políticos e historiadores ( ... ). de las matemáticas, ni sea
ignorante ni trabaje por ser muy científico en todas sus partes. En la
astrología no hay para qué afectar tanta noticia, que
divirtiéndole en lo curioso (... ) le haga descuidar de los precipicios
de la tierra (... ). De la cosmografía, geometría y
astronomía conviene hacer más caso" (Lope de Vega, A., 10 y
ss.).
Pero no sólo interviene como causa de esta preocupación la
importancia de la formación del noble para desenvolverse con diligencia
en el esperanzador futuro que le estaba aguardando. Ante todo, su
educación le debía preparar para comportarse de acuerdo a su
rango. Uno de los elementos de este comportamiento es que teóricamente
debía ser el modelo a imitar. Sus acciones tenían que ser
ejemplos de los más 66 nobles" comportamientos humanos. A ello
estaba obligado por el honor del que está revestido y por el ejemplo de
sus antepasados.
La nobleza debe encarnar, pues, los mejores valores de la sociedad. Desde esta
perspectiva no nos puede extrañar que el valor supremo de orden moral,
la religión llegue a estar muy relacionado con los nobles como miembros
de la minoría de poderosos. El modo de vida ante todo religiosos que
debían manifestar los caballeros de hábito y comendadores de las
órdenes militares, es una buena muestra de esa suposición de que
debían ser los garantes de las mejores costumbres. " Porque de
ordinario y por la mayor parte , los nobles caballeros hijosdalgo, tienen todas
las virtudes , así morales como teologales( ... ) Y así por esta
razón estimamos mucho a los nobles, porque confiamos de ellos han de
imitar el valor, y seguir la virtud de sus ascendientes..." (Moreno de
Vargas, B. fol 52, r).
A lo largo del siglo XVI se fue incrementando la tendencia al cultivo de las
actividades intelectuales por parte de gran parte de la nobleza
(Domínguez Ortíz, 161). En Cataluña algunos monasterios
tenían una sección dedicada a la formación de los
vástagos de las buenas familias; hacia 1560 los monjes de Montserrat
contaban entre sus alumnos apellidos tan ilustres como Requesens,
Monrodón, Erill, Pinós o Queralt además de los hijos de
varios ciudadanos honrados de Barcelona.
La razón principal de esta tendencia no es otra que la facultad que
indudablemente poseían de disfrutar de las mejores oportunidades. El
verdadero monopolio que llegaron a detentar en los colegios mayores ,
verdaderos reductos exclusivistas de la formación de la clase nobiliario
(Hernández Franco, 77), les permitió acceder a los más
altos puestos de la administración y la Iglesia como auténticos
profesionales especializados. Con unos claros objetivos educativos selectivos
para los primogénitos de las grandes casas fundó la
Compañía de Jesús el Colegio Imperial de Madrid, reinando
Felipe IV. Los segundones solían ir a las universidades "que por no
ser señores de sus casas han menester valerse de las letras para
comer"(Domínguez Ortiz, 163). No hay que olvidar que la
afición por las letras constatada en numerosos grandes señores
del Renacimiento español produjo reconocidos talentos literarios . .....
muchos no se determinan en dar la sentencia... cuál de estas dos partes
de honra tiene más lugar, las armas ó las letras..." (Isaba,
M. de , 103), polémica que subraya algún autor de la época
afirmando con bastante sagacidad "que también en las palabras hay
armas" (etiam in verbis armas esse, Erycio Puteano, en Introducción
a Idea de un príncipe cristiano ... 162).
Hay un árbol genealógico privilegiado en que se puede descender,
por líneas de parentesco cercano, desde el canciller Ayala hasta Jorge
Manrique, pasando por el Marqués de Santillana y Fernán
Pérez de Guzmán. Se dieron variadas relaciones de mecenazgo:
caballeros poetas no muy encumbrados y apareció el tipo de erudito de
salón, corno Juan de Mena, al parecer de extracción
"media", pero que pudo llegar a ser amigo del privado don Alvaro de
Luna., (entre otros Garcilaso de la Vega, Diego Hurtado de Mendoza, Juan de
Tassis, Bemardino de Mendoza, etc.) y grandes adeptos por la cultura corno el
primer Marqués de Tarifa -humanista y famoso coleccionista de
antigüedades- ó Don Fernando Afán de Ribera que
reunía bajo su amparo a un distinguido círculo cultural.
La figura por excelencia que reúne las condiciones humanistas es el
primer marqués de Santillana. promovió la traducción de
clásicos como la Ilíada, el Fedón, la Eneida, las
Metamorfosis, algunas tragedias de Séneca, Cicerón, la Divina
Comedia y el Boccaccio latino. Su muerte fue llorada por Gómez Manrique
en su Planto, en el predomina el verso repetitivo de ¿dónde
están?, base para las Coplas de su sobrino Jorge.
Esta última faceta, común a una gran parte de la alta nobleza
europea, nos proporciona el segundo aspecto positivo del estamento nobiliario:
el mecenazgo. Es bastante notorio que esta tendencia de índole cultural,
característica fundamental del Renacimiento, fuese llevada hasta sus
últimas consecuencias por magnates españoles. De su decidido
amparo y protección hacia escritores y artistas nos dan suficientes
muestras los prólogos a numerosas obras literarias de autores de
reconocida fama universal. Sin desmerecer su loable labor, hay que destacar el
generalizado afán de Grandes y Títulos por deslumbrar con su
magnificencia a sus contemporáneos.
Constancia de ello son los innumerables escritos más ó menos
históricos, elogiosos o falseados que constituyeron las crónicas
históricas. Estas fueron una mina de interesante lectura desde el siglo
XV y en las cuales se desprende la evolución de ese enfrentamiento,
citado anteriormente, entre la sencillez medieval y la elocuencia
humanística. Se fue pasando de la crónica de tipo alfonsí
-recopilaciones impersonales de sucesos que importan a la realeza la historia
como "galería de retratos", enfrentamiento de grandes hombres
y caídas de príncipes , hasta llegar a un complejo sentido de la
historia como centrada en alguna figura carismática, con lo cual se deja
ver una vida común y sucesos menudos, bajo la creciente
concepción de la historia como totalidad unidad.
Unos y otros se disputaban el honor de poder rodearse de los mejores poetas y
artistas. No es de extrañar que sus grandes mansiones se convirtieran en
ocasiones en auténticos núcleos de actividades intelectuales del
más alto nivel y alguno de sus propietarios hicieran sus pequeños
pinitos como pintores, escritores y bibliófilos (Pike, 125 y ss.).
Por otra parte están las obras impresas que hacen referencia a la
nobleza y que son numerosas. Libros elogiosos que ocultaban la parte negativa
de los personajes nobiliarios y que nos ofrecen una riqueza de datos sobre
operaciones financieras, mentalidad y costumbres. Frente a éstos, los
llamados libros verdes se ocupan, casi exclusivamente de sacar a la luz
pública todo los aspectos negativos de las familias nobiliarias. Entre
todos el más conocido y divulgado es el Tizón de la nobleza
En la segunda mitad del siglo XVII floreció en Cataluña un nuevo
género literario, las oraciones fúnebres, destinado a perpetuar
la memoria de los aristócratas más prominentes.
La afición de los propios monarcas por ciertos temas, actuó como
espejo en el que se miraron numerosos nobles de la Corte. Y especialmente
Felipe IV se caracterizó especialmente por el gusto al teatro y a la
pintura. Rubens comentaría de su protector real "realmente disfruta
enormemente con la pintura". Y esta atracción por el arte
permitiría que el monarca se convirtiese en un gran coleccionista del
siglo XVII, tan solo emulado por Carlos I de Inglaterra.
Velázquez y Rubens trabajaron en Palacio intensamente y a la vez
aconsejaron al rey para la selección de obras. La tendencia al
coleccionismo pronto surgió un rápido efecto. Desde el clan de
Olivares hasta diversos nobles fomentaron el coleccionismo. La creciente
afición de Felipe IV fue fomentada por numerosos regalos de cortesanos
que deseaban un favor real. Destacaron el Marqués de Leganés,
quien reunió en su palacio unas 1333 obras en tan sólo
veinticinco años y Luis de Haro que obtuvo una gran colección de
cuadros por medio de Alonso de Cárdenas, embajador español en
Londres. Pintura que fue destinada en la decoración de El Escorial.
porque " es un teatro a donde , continuamente van a parar todo el
año tantos extranjeros, y lo admiran por maravilla tan grande" que
reemplazaría la mala pintura por la buena. Y de este modo la
sacristía y las dos salas capitulares se transformarían en un
museo con piezas de Tiziano, Veronés, Tintoretto, Rafael, Rubens, Reni,
Ribera y Van Dyck.
También de las filas nobles surgieron grandes coleccionistas como el
Duque de Alcalá, el Duque del Infantado, el Almirante de Castilla, el
Conde de Benavente y el Príncipe de Esquilache
Una vez más este fenómeno social tuvo sus raíces en la
centuria de¡ quinientos. Pero fue en la siguiente cuando la opción
de algunos pocos individuos escogidos, llegó a ser una necesidad para
todo el mundo que aspirase a la fama y a la reputación. "En poco
tiempo, los argumentos de las teorías humanistas del arte fueron
aceptados y convertidos en dogma. Las artes, y en particular el de la pintura,
fueron consideradas un estado superior de la actividad humana. Por esta
razón se comprende que los grandes gobernantes requiriesen grandes
colecciones de arte" (J. Brown, 96)
La conjunción de los intereses de ostentación grandilocuente de
su superioridad socioeconómica de los grupos dirigentes con las sinceras
inclinaciones hacia el mundo de la cultura, se verá reflejada de modo
ostensible en la creación y conservación de obras de arte que con
tanta admiración contemplamos en nuestros días. La
erección de aquellos imponentes palacios, símbolos en muchas
ocasiones de los movimientos más vanguardistas en arquitectura civil,
constituyen quizás el testimonio más perdurable del esplendor de
un grupo social que encontraba en el arte un vehículo de
manifestación de su poder luego su tapicería guarnecida de
trofeos y banderas, significando ser ganadas por sus antecesores, edificando
palacios, torres, iglesias, sepulturas, epitafios y letreros y a la redonda de
sus escudos tanta guarnición de grebas, bufas, quijotes, yelmos, espadas
y montantes, dando principio a casas y linajes que vemos en esta edad"
(Isaba, M. de,102). Un poder que de esta manera también hallaba un
instrumento eficaz de conversación y continuación en los esquemas
mentales de aceptación de la superioridad de un grupo dominante.
En este último sentido, la literatura debe ser considerada como un
mecanismo de perpetuación y en cierto modo de auto-defensa en favor de
la clase dirigente. Una vez abandonada por la nobleza su primitiva
función de las armas, se tiene que justificar de la manera más
explícita posible su papel de élite dominante de la sociedad. Por
medio de los escritos se intenta demostrar que los valores caballerescos siguen
siendo plenamente vigentes. La novela de forma intencionada,
propagandística, pretende en ocasiones presentar este tipo de valores
típicamente nobiliarios como incluso fortalecidos con el advenimiento de
los nuevos tiempos y la gestación del Estado Moderno (Maravall, 201) De
una forma indirecta, la afición por la lectura de libros de
caballerías durante el siglo XVI puede también ser considerada
como muestra de ese interés de perpetuación del más puro
ideal nobiliario.
Hay que resaltar que desde el mundo de los tratadistas y escritores surgieron
desde finales del siglo XV la oposición ó crítica a la
nobleza que abusa de sus privilegios para cometer toda clase de injusticias y
desmanes. En la novela y el teatro, mucho más contestatarios y
opositores al sistema dominante que la imagen de sumisión y
conservadurismo que han pretendido muchos historiadores y críticos
literarios, se clamaba también contra la falta de virtud y los excesos
de la nobleza española, en general. Se tiende, con el beneplácito
de la opinión popular (sus obras son siempre el fruto de lo que espera
recibir y de alguna manera el catalizador de su sentir), hacia la
disminución del papel excesivamente dominante que el estamento
nobiliario pretende sustentar. Sin embargo, los valores nobiliarios siguen
siendo los más auténticos. El mundo que muestran sigue estando
inundado y protagonizado por elementos aristocráticos, tanto en las
personas como en las formas, manteniéndose relativamente cerrado hacia
otros estados y con el tono de desprecio por los humildes y servidores
(Lasperas, 75).
Las críticas, frontales 6 veladas, no atacan al estamento nobiliario
directamente. Nadie pretende la desaparición de la nobleza. Sólo
se pide la revisión y el control de sus funciones (Maravall, 213). De
esta forma, se conserva en lo esencial el fundamento básico de la
existencia del orden nobiliario: la desigualdad. Al imponerse y perpetuarse los
privilegios, fruto irremediable del orden social no igualitario, como una de
las formas de convivencia, la cultura siguió conservando un tono
eminentemente continuista. Era una cultura de reproducción del dominio
aristocrático.
La nobleza española del Antiguo Régimen era un grupo dominante de
la sociedad. Poco importaba la pérdida de su primitiva función ,
las armas, para que fuese considerada como una clase superior en la
organización social. La persistencia de los esquemas mentales de
desigualdad y jerarquización, y su expresión en la pervivencia de
los privilegios jurídicos eran valiosos instrumentos que aseguraban una
buena dosis de continuismo. La superioridad derivada de estas concepciones se
veía plasmada en el orden político, económico, social y
cultural; situación ésta que engendraba, a su vez, la firme
apoyatura del infinito valor de la opinión ajena y del " parece
ser". " No faltarían artes que con pretexto de honor y favor
pudiesen remediar el exceso de las riquezas, poniéndolas en
ocasión donde se consumiesen en servicio del príncipe y del bien
público, pero ya ha crecido tanto la vanidad de los gastos, que no es
menester valerse dellas, porque los más poderosos viven más
trabajados con deudas y necesidades, sin que haya substancia para ejecutar
pensamientos altivos y atreverse a novedades" (Saavedra, Empresa XV).
La nobleza ya que no podía seguir manteniendo su posición
hegemónico debía asumir una nueva función social basada en
el espectáculo y la pública ostentación. "El
árbol cargado de trofeos no queda menos tronco que antes. Los que a
otros fueron gloria , a él son peso, así las hazañas de
los antepasados son confusión y infamia al sucesor que no las imita. En
ellas no hereda la gloria, sino una acción de alcanzan¡ con la
emulación" (Empresa XVU). Indudablemente, las ciudades
ofrecían para ello un escenario inmejorable para que se transformase la
vida cortesana medieval en unos centros humanísticos ó se
fomentasen más las inquietudes artísticas y de embellecimiento de
los hogares.
La asociación entre cultura y poder cuyo destino principal era la de
alcanzar altos cargos burocráticos y a la vez obstaculizar el
vertiginoso ascenso de los comerciantes enriquecidos a los puestos más
apetecibles, pues " poderoso caballero don dinero" que abriría
todas las puertas sociales que favorecía en cierto modo el ascenso de
graduados cuyo "ánimo es más excelente que el cuerpo ..y por
esta causa lo que por letras y ciencias ha subido en grande estado y fama como
quiera que fuesen de muy bajo suelo y linaje, no debieron ser tenidos y
reputados que los que se jactan y vanaglorian que descienden de nobles e
ilustres padres" (Guardiola, J. de B., fol. 22). Movida de los nobles por
conservar un control en el poder público que la define Gutiérrez
Nieto como neoennoblecimiento. "Cuando la nobleza estuviera estragada con
el ocio y regalo, mejor consejo es restaurarla con el exercicio y con los
premios, que levantar otra nueva. Estímulo en la conciencia de
pertenecer a una colectividad vieja y heroica en la cual en el pasado algunos
consiguieron sobresalir y ser considerados como nobles y ser considerados como
tales a través de una acción militar (Gutiérrez Nieto,
432).
Las cualidades de un buen cortesano debían centrarse en su habilidad con
la espada, brillantez en los ejercicios distinguidos como la caza o la
equitación, pero sin exhibiciones atléticas. Además,
cuidará la danza, la música, el ingenio en la conversación
y en la composición en prosa y verso, sobre todo para agradar a las
damas -pues, comenta Castiglione, sin Laura no habría escrito Petrarca
pero sin ser un literato, ni un humanista profesional "de lo humano
aprenda lo necesario para saber conservar y aumentar sus utilidades y sus
honras, para descubrir la ignorancia y apreciar la sabiduría, para no
ser engañado del lisonjeo sofista, si aborrecido ó desestimado
del verdadero sabio" (Lope de Vega, 10). Pero, lo más importante es
que todo eso lo haga sin darle importancia, evitando la afectación
" y, para decir quizá una nueva palabra, usar en todo un cierto
desprecio, que esconda el arte y muestre que lo que se hace y se dice, se hace
sin fatiga y casi sin pensar en ello".
También cuida Castiglione las calidades de la dama."para saber
tratar con cualquier género de hombres honrados". Para ello la dama
debería tener conocimiento de letras, de música, de pintura y de
baile, "y traer, como es razón, a los que andan con ella de amores,
acompañando siempre con una discreta templanza, y con dar una buena
opinión de sí, todas aquellas otras consideraciones que han sido
enseñadas al cortesano; y haciéndolo así, parecerá
bien a todos hablando ó riendo, en juegos, en burlas, y en fin en cuanto
hiciere".
"Maravillome -dijo entonces, riendo Gaspar Pallavicino que, pues dais a
las mujeres las letras, la continencia, la grandeza del ánimo y la
templanza, no queráis también que ellas gobiernen las ciudades, y
hagan leyes, y traigan los ejércitos, y que los hombres se queden
hilando o en la cocina (....) yo no he querido darles este cargo, porque mi
intención es formar una dama, y no una reina... ¿No sabéis
que en filosofía se tiene esta proposición, que los que tienen
las carnes más delicadas tienen más sutil el entendimiento? Por
eso las mujeres, por ser más delicadas de carnes, serán de
entendimiento más sutil, y de ingenio más hábil para la
especulación que los hombres" (Baltasar de Castiglione, El
Cortesano, Trad. Juan Boscán, 1534).
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Publicado por http://clio.rediris.es, en Miscelánea
Medieval Murciana
Autor: Carmen Mª Cremades Griñán
Antecedentes: Aparecido por primera vez en Miscelánea Medieval Murciana.
Vol. XIX-XX. Años 1995-1996. Págs. 55-66 |
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