Un robot-insecto capaz de caminar sobre las aguas
ha sido desarrollado por ingenieros norteamericanos copiando el modelo empleado
por las chinches acuáticas para moverse sobre superficies
líquidas. Además de explorar embalses de agua potable en busca de
toxinas, estos robots incorporarán cámaras fotográficas
que les permitirán obtener imágenes digitalizadas del entorno.
Asimismo podrán descontaminar grandes superficies marinas y serán
también indetectables espías militares. Por Vanessa Marsh de
Tendencias
Científicas.
Un pequeño robot, de un gramo de peso, que es capaz de caminar sobre el
agua, ha sido creado por ingenieros de la Universidad Carnegie Mellon
(Pennsylvania) en colaboración con el Massachusetts Institute of
Technology (MIT).
La máquina de momento sólo es un prototipo. Se parece a una
chinche acuática, mide sólo 1.25 centímetros y está
fabricado con fibra de carbono y ocho pequeñas patas de acero
recubiertas con un plástico repelente al agua. Son estas patas las que
le permiten pararse y caminar sobre su superficie.
Por el momento el robot no tiene cerebro ni sensores, sino una especie de
músculos formados por tres interruptores eléctricos controlados
por otros tantos circuitos conectados a una fuente de energía.
El funcionamiento de este robot se basa en un reciente descubrimiento. Hasta
1993 se creía que los insectos utilizaban sus patas para crear ondas en
el agua que serían las que les permitirían avanzar.
Imágenes precisas
Sin embargo, en aquel año un biólogo de la universidad de
Stanford hizo notar que las crían de insectos eran demasiado
débiles para crear ondas en el agua, a pesar de lo cual se desplazaban
por ella al igual que sus padres.
El año pasado, la investigación dio un significativo paso con la
ayuda de sofisticadas
cámaras de vídeo, que grabaron a
cámara lenta los desplazamientos sobre el agua de los insectos.
El uso de imágenes de velocidad permitió descubrir que lo que
hacen estos insectos, más que crear ondas de agua, es ejercer una ligera
presión sobre la superficie líquida a través de los pelos
de sus patas. Esta agitación crea unos vórtices que son los que
impulsan a los insectos.
Esta es la técnica de desplazamiento sobre el agua que ha sido aplicada
al robot, que se convierte en el favorito candidato del futuro para la
exploración científica de embalses de agua y el mejor
vigía de su calidad para el consumo humano, ya que podría
detectar toxinas.
Para países en desarrollo
El costo de los materiales empleados en su fabricación no alcanzó
los 10 dólares, si bien es prematuro aventurar cuál sería
su precio en el mercado. Los países en desarrollo son los potenciales
usuarios más numerosos de esta tecnología.
Lo más costoso del invento, sin embargo, no han sido los materiales que
lo componen. La máquina se llama Robostrider y se inspira en el insecto conocido como
Jesus bugs (por su capacidad de caminar sobre las aguas) y también con
los nombres de water skaters o pond skaters.
En español estos insectos son conocidos como chinches acuáticas,
denominación que agrupa a los pertenecientes a varias familias, tales
como el barquero o zapatero, entre otros. Los hetéropteros o chinches
forman un conjunto de más de 25.000 especies distribuidas por todo el
mundo.
Los hidrométridos son las chinches que caminan sobre el agua. En su
medio natural, las chinches acuáticas pueden propulsarse a una velocidad
de 150 centímetros por segundo y esta proeza constituye toda una obre de
ingeniería natural.
Descontaminante y espía
La fotografía de gran velocidad ha descubierto los movimientos de estos
hidrométridos, que en realidad no flotan en el agua. Sus patas
están cubiertas de unos pelos muy finos que son los que les permiten
mantenerse a flote.
Las chinches acuáticas utilizan estos minúsculos pelos para
agitar el agua y formar las pequeñas olas que luego le sirven para
desplazarse sobre ellas, ya que los torbellinos creados con la agitación
de los pelos de las patas son suficientemente fuertes como para propulsar a
estas chinches.
El robot creado con el mismo sistema se desplaza a menos velocidad que sus
homólogos naturales. Tiene un cuerpo de fibra de carbono, patas de acero
inoxidable accionadas por interruptores piezoeléctricos, que son los que
consiguen impulsarlo sobre el agua.
Además de explorar embalses de agua potable en busca de toxinas, las
nuevas generaciones de Rostridres, que aparecerán dentro de seis meses,
incorporarán cámaras fotográficas que les
permitirán obtener imágenes digitalizadas del entorno.
También serán dotados de instrumentos de limpieza para
descontaminar elementos nocivos detectados en el mar, aunque la
utilización militar tampoco se descarta porque Robostrider puede ser
también un eficaz espía: su tamaño le hace indetectable.
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