Todo no es trabajar
Tocar el timple por "el uno"
Se ha repetido hasta la saciedad que la voz "timple" que da nombre al instrumento más característico de nuestro folclore musical es una simple metátesis o trasposición de una consonante, respecto del término original que pudo ser "tiple", que figura en los diccionarios de música como "una guitarra pequeña de España y Latinoamérica con diversas encordaduras y afinaciones". Así se sigue llamando al tiple colombiano. País en el que no se produjo dicho fenómeno lingüístico.

Sin embargo, por lo que respecta a Canarias, se ha formado la creencia de que tal degeneración es exclusiva de nuestras islas, dadas nuestras peculiaridades fonéticas y dialectales, cuando otras regiones y comarcas, como la murciana, han sido escenario de idéntico fenómeno. Para comprobarlo, nada mejor que irnos al citado estudio de Díaz Cassou El Cancionero Panocho (Literatura Popular Murciana), imprenta Fortanet, Madrid, 1900, donde se describe la forma de interpretar la llamada "Parranda del uno", que lleva de acompañamiento tenor, timple, bandurria y castañuelas (página 6).

También en la página 119 de la citada obra el autor nos habla del timpliquío, cuando alude a los instrumentos que descuelga el panocho, junto a la guitarra, el guitarro y el tenor. De ahí que la Real Academia incluyese la voz timple en la edición de 1984 como instrumento típico de Canarias y Murcia, haciendo constar que deriva de tiple, "instrumento de cuerda pequeño". Por tanto, los amigos de los endemismos deben andar con pies de plomo, cada vez que saquen a relucir la voz timple como oriunda de Canarias, sin más.

Algo parecido ocurre con la nomenclatura con que se conocen las diferentes tonalidades de los instrumentos de cuerda. En Canarias, como es sabido, se suelen escuchar peticiones a los tocadores como "echa una isa por el uno", "toca por el cinco" o "las folías del nueve", que son otras tantas alusiones a los tonos de Sol, de Re y Mi, fórmula que presenta innegables semejanzas con la moda implantada en el siglo XVIII, donde fueron las letras del Abecedario las que servían para designar las diferentes tonalidades. Así se desprende de algunas de las composiciones que hizo Santiago de Murcia para guitarra barroca, como "Jácaras por la E" o "Marionas por la B".

El ejemplo que nos ofrece Díaz Cassou en su Parranda del uno viene a demostrar que tal nomenclatura tampoco ha sido exclusiva o autóctona de Canarias, pese a la popularidad que llegó a alcanzar el sistema en los ambientes rurales y campesinos, así como en las islas de Tenerife y Lanzarote. Por tanto, cuando escuchemos lo de "toca el timple por el uno" podría ser anuncio de que nos encontramos en Lorca y no forzosamente en Las Carboneras de Anaga...

En el último apartado de este análisis de la obra de Pedro Díaz Cassou, notable folclorista murciano, conviene fijarnos en la influencia que la copla de esta región pudo ejercer allende sus fronteras, como es el caso de la siguiente letrilla, tan cantada en América como demuestra alguna versión de La bamba mexicana: "La guitarra pide vino, / el violín pide aguardiente, / y los dos que los tocamos / muchachas de quince a veinte".

Con respecto a Canarias, nos resultan muy familiares algunas cuartetas que en las islas sufrieron alteraciones, como la que reza: "Ojos que te vieron ir / camino de Cartagena: / ¿cuándo te verán volver / para alivio de mis penas?" O esa otra que recopiló entre nosotros Sebastián Padrón Acosta: "Cuando paso por su senda (casa), / compro pan y voy comiendo, / pa´que tu madre no diga / que de verte me mantengo".

Ofrece dudas alguna copla que también ha sido recogida en otras zonas peninsulares, como sucede con la conocida "Ninguno plante viña / junto a una senda, / porque todo el que pasa / coge y se lleva". La versión andaluza se nos antoja más cuidada, como lo confirma que figure en repertorios de grandes cantaores, como Manolo Caracol o Jarrito: "Nadie ponga su viña / junto al camino, / porque todo el que pasa / corta un racimo". Aún se conservan variantes canarias más próximas a la copla andaluza, que ha gozado de una mayor difusión por el innegable predicamento del flamenco.

Publicado por Diario de Avisos, el 24 de octubre de 2004

Autor: Elfidio Alonso
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