| La huerta de Murcia, un ininvento milenario
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Hace más de mil años, los
árabes decidieron aprovechar la riqueza de los suelos de Murcia y,
haciéndolos de regadío, crearon la Huerta. Nada habría
sido posible en este municipio, en el que se funden veredas, ramblas y montes,
sin el río Segura.
El municipio de Murcia está situado en la parte meridional de la
Región de su mismo nombre, de la que es capital. Con una
extensión aproximada de 881,860 km2, el término municipal se
encuentra dividido, de Este a Oeste, en dos partes por algunas sierras, como
son: Carrascoy, El Puerto, Villares, Columbares, Altaona y Escalona; lo que ha
permitido hablar de dos zonas claramente definidas por su paisaje: el llamado
Campo de Murcia y la Huerta.
El territorio está organizado en 54 pedanías y 28 barrios, que
conforman el casco urbano de la capital, llamada por don Miguel de Unamuno
la Ciudad más huertana de España, y que ocupa 12,86
km2 del total del término municipal.
La Huerta de Murcia se extiende a lo largo de la llanura por donde
discurre el río Segura y su afluente, el Guadalentín,
comúnmente llamado, a su paso por Murcia, El
Reguerón; cuyas aguas, tantos beneficios y desventuras han
ofrecido en el discurrir del tiempo a las gentes de esta tierra. A lo largo y
ancho de esta llanura fluvial, a la que flanquea un relieve
miopliocénico de calizas y conglomerados, en el que emergen los cabezos
permotriásicos de Espinardo, Torres, Monteagudo, Esparragal y las
Peñicas, se distribuyen el resto de pedanías y el casco urbano de
la capital.
Murcia es una ciudad fundada en el año 831 por Abd-Al- Rahman II en un
enclave privilegiado, en el centro del Valle del río Segura. Gracias a
su favorable situación geográfica, en un rico valle no lejos del
mar, la agricultura y la artesanía se desarrollaron rápidamente.
De la importancia que alcanzó en la época árabe, da buena
idea la muralla que la circundaba, algunos de cuyos restos aún son
visibles en diferentes lugares de la ciudad. Tenía 95 torres y,
quizás, 15 metros de altura. Una importancia que queda, también
de manifiesto, en los numerosos hallazgos arqueológicos, como los de
tipo palacial, realizados en el Convento de las Claras. De esta época ha
sobrevivido la distribución por barrios de la Medina Islámica y
parte de la toponimia del callejero: calle de la Acequia, de los Álamos,
Zoco, Aladreros, Albudeiteros, Alfareros, Almohájar, del Almudí,
Azucaque, Caravija o Almenara, espacio donde se encendían grandes
hogueras para advertir del peligro inmediato.
La ciudad no hizo sino incrementar su importancia tras su reconquista por el
rey Alfonso X (1266), cuando se fundó en ella la Universidad y se
convirtió en sede episcopal.
Fue en el siglo XVIII cuando alcanzó su apogeo: la
nacionalización de la explotación de la Huerta y el desarrollo de
la industria de la seda enriquecieron la ciudad, que se dotó de un
conjunto de monumentos religiosos y civiles de gran unidad de estilo. De hecho,
podría afirmarse que Murcia es la capital del Barroco Español.
La Huerta y el Río
Murcia no se entiende sin su Huerta. Extendida por toda la Vega Media del
Segura, ocupa la llanura en declive entre dos cadenas montañosas
paralelas, por las que discurre el río Segura en su marcha hacia el mar.
Este río, que históricamente, ha vertebrado el territorio, la
economía y la cultura de la Región de Murcia, a lo largo de su
curso ha ido creando vegas muy fértiles aprovechadas desde siglos por
sus pobladores. Hace unos 1.100 años, los árabes decidieron
aprovechar la enorme riqueza de estos suelos, haciéndolos de
regadío y creando, con ello, la Huerta. Para ello concibieron un sistema
de riegos completo y transformaron en regadío estas fértiles
tierras de la llanura. La Contraparada, de origen romano y perfeccionada por
los árabes, es el punto de partida de un sabio aprovechamiento de las
aguas, que hace que éstas se introduzcan en la Vega para que, mediante
multitud de acequias que se ramifican, puedan llegar hasta puntos muy distantes
de ambas márgenes del río, propiciando desde hace siglos el
cultivo de frutales, cítricos y hortalizas. Las llamadas aguas
vivas, procedentes del río, se partieron con un azud o dique de
contención (llamado Contraparada desde el siglo XVIII).
Desde entonces, la Huerta y el río Segura son los principales referentes
que caracterizan el paisaje, la historia y la cultura de nuestro municipio, una
extensa matriz vegetal alimentada por las aguas del Segura.
La fauna y flora huertana
La gran variedad, tanto de cultivos como de jardines, ofrece un bonito colorido
sobre verdes resplandecientes, en la que se refugia una amplia fauna.
Las zonas mejor conservadas albergan una vegetación y fauna singular
asociada a estos ambientes. Entre ellas, destaca el paraje de la Contraparada,
lugar en el que se ubicó la presa árabe que favoreció la
distribución del agua del río Segura, y la ampliación
progresiva de la Huerta.
Muchos son los animales que se han habituado a convivir con los humanos. Aves,
insectos anfibios, reptiles y mamíferos tienen, todos ellos,
representantes en la Huerta. Los huertanos han ido denominando a sus vecinos,
los otros moradores de la Huerta, con nombres particulares de su zona.
Así, todavía se oyen palabras como "tordas" para
identificar a los mirlos comunes, ave emblemática quizás de la
Huerta, o " cardeneras" para los jilgueros.
Las palmeras datileras son un elemento característico del paisaje de la
Huerta de Murcia, y se distribuyen aleatoriamente, salpicando las zonas de
cultivos.
El Castillo de Monteagudo y su entorno constituyen una buena
representación del paisaje tradicional huertano, además de ser un
área de gran interés arqueológico e histórico.
Desde el Santuario de la Fuensanta, la fértil Huerta ofrece, en todas
las tonalidades de verde, una vista incomparable y de extraordinaria belleza.
Sin embargo, también merece la pena ver la Huerta desde dentro y
contemplar el espectáculo para los sentidos que ofrecen los frutales y
las flores.
Como elementos destacables de vegetación, es importante citar el Pinar
de Churra, que alberga un conjunto de ejemplares monumentales de pinos
piñoneros.
El río Segura
La auténtica vida de Murcia y de su Huerta la proporciona el río
Segura. Su paso por Murcia representa la madurez de un trayecto que, no
obstante, no llega a los tres kilómetros, desde el Golgo hasta la curva
de la Azacaya, que viene a ser la parte de río que discurre por la zona
urbana de la capital. El Golgo es un recodo que era visitado con cierta
frecuencia por los muchachos y jóvenes de los años veinte a los
cuarenta. Se halla a la espalda del Colegio de Maristas del Malecón, y
era utilizado antiguamente a modo de playa.
En el centro de Murcia, el río se quedaba encerrado entre los muros de
contención, construidos por el ingeniero militar Feringán. A una
orilla los Molinos (hoy museo) y a otra la Glorieta, el Ayuntamiento y el
Palacio Episcopal.
Encauzado desde hace años, debido a los graves peligros de inundaciones
para la ciudad, el Segura en nuestra capital atesora una singular fauna,
principalmente aves, como pollas de agua, ánades reales, mosquiteros y
carriceros; también insectos como libélulas y caballitos del
diablo.
A la salida y a la entrada de nuestra capital, el río no sufre la fuerte
presión humana, y enriquece sus valores naturales tanto en la fauna como
en la flora. Los carrizos y las choperas son frecuentes, haciendo afortunado el
paso del río que moja sus orillas.
La importancia de las ramblas de Murcia
La diversidad de ramblas de Murcia viene marcada por las heterogéneas
características de las rocas que conforman su subsuelo. Esto engloba
cuatro sectores diferentes, que encierran cuencas hidrológicas con
distintos sistemas, según el caso. De esta manera, encontramos diversos
ambientes con un mismo nombre de ramblas, en concreto cuatro ambientes que
podemos denominar como: efímeras, saladas, dulceacuícolas y
salobres.
Ocho son las ramblas que están vinculadas al término municipal de
Murcia: las Ramblas del Valle, Garruchal, Sangonera, Los Jubilados, Los
Serranos, del Puerto de la Cadena, Salada y Barranco del Sordo.
La estrecha interrelación entre el medio acuático y el terrestre
da paso a interesantes comunidades biológicas, que aprovechan las
oportunidades que les brinda este ambiente tan particular.
La flora de estos lugares varía en función del tipo de suelo y de
la estacionalidad de sus aguas, pero todas ellas poseen, frecuentemente,
carrizos, juncos, tarais, alcaparras, limonios y baladres.
En cuanto a la fauna, ésta viene representada por animales ligados a los
ambientes acuáticos, influidos por la presencia cercana a núcleos
urbanos; numerosos insectos acuáticos, roedores y depredadores de
éstos, como lechuzas, cernícalos y zorros.
Las Vías Pecuarias en el Municipio de Murcia
Las vías pecuarias son rutas o itinerarios por donde discurre o ha
venido discurriendo tradicionalmente el tránsito ganadero. Se trazaron
sus recorridos aprovechando el paso por zonas donde hubiera buenos pastos o
bosques, abrevaderos, descansaderos, refugios o pueblos. Murcia se ha
caracterizado siempre por ser zona de invernada de los rebaños de otras
provincias.
Con 221,5 kilómetros de recorrido, un total de 19 vías pecuarias
forman un complejo entramado por todo el municipio de Murcia. Su estado actual
no es muy bueno, debido al decrecimiento de la actividad ganadera trashumante y
del desarrollo de otras actividades socioeconómicas, que han ocupado el
territorio. La Cañada Real Conquense Murciana penetra en la
Región por el Altiplano y, tras pasar la Rambla de Belén, ya en
el término municipal de Murcia, ascendían hacia el Puerto de la
Cadena. Allí optaban entre dos rutas: el Campo de Cartagena, a
través del Cordel de Fuente Álamo, o la provincia de Alicante,
por la Cañada Real de Torreagüera. Precisamente, en los alrededores
del Puerto de la Cadena, era donde se celebraba la mayor parte de las mestas,
asambleas de pastores con sus ganados, cuyos orígenes se remontan al
siglo XIII. Del municipio de Murcia partía la otra gran vía
pecuaria, la Vereda de Belén o de Barqueros, muy utilizada para
trasladar los ganados desde Murcia hasta las Sierras de Segura y Cazorla.
Durante un periodo de diez a quince días, los ganaderos y sus reses
recorrían los términos de Murcia, Mula, Pliego, Bullas,
Cehegín y Caravaca.
Un Parque Regional al alcance de la mano
Al sur de la ciudad nos encontramos con el Parque Regional de Carrascoy y El
Valle. Tiene una extensión de 16 724 hectáreas
aproximada mente, y su altura máxima es el monte El
Relojero, con 609 metros. Su situación tan cercana a la ciudad de Murcia
hace que sea considerado por todos los murcianos casi como un parque
periurbano, donde los visitantes pueden entrar en contacto con la naturaleza.
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