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2021: Los héroes olvidados

El año 2021 está llegando a su fin, con el mismo protagonista que 2020: el COVID. Lo que permite una cierta perspectiva sobre como han ido evolucionando los acontecimientos, y la situación de algunos de los implicados o afectados por esta situación.

Los sanitarios: otro servicio de “usar y tirar”

Los sanitarios: otro servicio de “usar y tirar”Los sanitarios que nos intentaron salvar, que no tuvieron días, ni noches, ni turnos, ni descansos... enfrentándose a un nuevo enemigo desconocido, del que no se sabía nada o casi nada, con el que cada paciente era un “experimento” nuevo para tratar de encontrar algún punto débil del “mal”.

Sanitarios que se enfrentaron a esta nueva peste, en muchos casos, casi, con los mismos medios que los galenos de los siglos XIII o XIV: batas hermetizadas con cinta de precintar, bolsas de basura cosidas con celofán y sobretodo con mucha fe en que su trabajo podría servir de algo en aquel fin del mundo que les había caído encima.

Cierto que se disponía de hospitales modernos, que en aquellas épocas pasadas no existían, pero también lo es que con la gravedad y velocidad que tomó la enfermedad de poco servían, con los pacientes amontonados en salas de espera, en pasillos, con las unidades de cuidados intensivos abarrotadas y plantas de otras especialidades convertidas en improvisadas UCI. Aunque todo aquello, para más de cien mil personas, tuvo el mismo inimaginable final: cuerpos amontonados más allá de la capacidad de las morgues, y buscando todo aquello que pudiera servir para refrigerar un cadáver.

Se les llamó héroes, se les cantaron infinitas alabanzas, se salía a los balcones a dar huecos y absurdos aplausos. Héroes que podían contar con la Sociedad a la que estaban salvando, que tenían el agradecimiento y comprensión de la ciudadanía. Héroes muchos de los cuales fallecieron a consecuencia de la enfermedad que estaban intentando combatir.

Conforme la ciencia fue avanzando, los tratamientos se hicieron más certeros, y aparecieron las vacunas y su aplicación masiva... el trabajo de los sanitarios se fue difuminando. Ahora la nueva peste no era mortal de necesidad, y pese a las advertencias de los héroes, hubo una segunda ola, y una tercera, y una cuarta, y luego la quinta que no fue la vencida...

Estos héroes fueron cayendo en la indiferencia general, y de las alabanzas se pasó a los despidos masivos, y de los aplausos a las amenazas y agresiones en las consultas, y por supuesto, aunque los medios, y los procedimientos, y las instalaciones habían mejorado, todo se fue relajando porque la población con las vacunas volvía a ser inmortal.

Los héroes alabados pocos meses antes, quedaron en el olvido, entrelazando contratos hasta el infinito y más allá, en algunos casos hasta 200 contratos de trabajo en 365 días ¿en qué sector se podría tolerar algo así? En el de los héroes nada más.

Pero este maltrato pasará factura. En el resto del mundo se ha visto cómo trabajan los médicos y enfermeras españoles, y en el resto del mundo están ávidos de buenos profesionales, y les pagan más, y les tienen un reconocimiento social que en España se ha perdido, y no les hacen 200 contratos en un año les vasta con uno solo... es posible que si en otra ocasión nos vemos en estas, tengamos menos héroes a los que recurrir.

El sector primario: abandonado a su suerte

El sector primario: abandonado a su suerteLos otros héroes, los que dieron de comer a las ciudades cuando el país estaba parado y cerrado: agricultores, ganaderos y pescadores.

Estos no supieron que era el covid, todas las mañanas, aunque cayeran chuzos de punta, estaban en el tajo, cultivando, produciendo, criando... para que en las tiendas y supermercados no faltaran frutas, hortalizas, legumbres, carnes, pescados...

Asumieron su responsabilidad, ya que por una vez los urbanitas iban a saber lo que valía el campo, en muchas ocasiones de la “España vaciada”. El campo, sin tanto ordenador, ni smartphone, ni metro, ni hora punta, ni compromisos, ni eventos... ese campo y esa mar, le iban a dar de comer a los de la ciudad, a los que creen que la leche se produce en los cartones de tetrabrik​, que los pollos nunca tuvieron plumas, que las lechugas ya nacen con bolsa, que los congelados de pescados nunca fueron peces... El campo y la mar iban a demostrar de lo que eran capaces: dar de comer contra viento, marea y la peste.

Algunas alabanzas se oyeron, pocas, tímidas... pero en el campo se estaba preparando una ofensiva muy distinta.

Los héroes que dieron de comer a España en pleno confinamiento, levantaron un poco la cabeza del terruño y dijeron “¿...y si nos pagan un poco más por nuestros productos, un precio justo? Estamos cobrando lo mismo que hace 20 o 30 años por ellos...”. Es más, se atrevieron a manifestarse, en varios puntos del país, sacaron también sus tractores y otra maquinaria a la calle como protesta. ¿Y cuál fue la respuesta? Campañas de desprestigio contra el sector primario en prácticamente todos los medios de comunicación, en las que se les ha calificado de explotadores, terratenientes, contaminadores, insolidarios, etc. Incluso se han aumentado de forma considerable las importaciones de productos agrícolas, ganaderos y pesqueros de lugares recónditos donde los derechos laborales son un mal chiste, los derechos humanos una broma de mal gusto, y en consecuencia sus precios de venta son de risa, imposible competir con ellos. El campo no tiene la posibilidad de emigrar al norte de Europa.

España ha estado parada meses, con ERTE’s, con ayudas para empresas y trabajadores. Beneficios de los que el sector primario en la gran mayoría no ha participado, bien por estar trabajando, al ser esencial, salvo contagios, las restricciones no les afectaban, o bien por la escasa dimensión de las explotaciones. Infinidad de empresas han podido subsistir y continúan ahora con su actividad, gracias a esas ayudas.

A esas ayudas que no existieron y las campañas de desprestigio, en los últimos meses ha venido a sumarse el incremento descontrolado, y en algunos casos desorbitado, de los costes de producción. La electricidad, combustibles, abonos, agua desalada (en algunas zonas), fitosanitarios... con los precios al alza, pero sin que haya respuesta alguna por las autoridades correspondientes.

El sector primario no contó con ayudas cuando las empresas que pasaban a ERTE se contaban por miles cada día, ahora tampoco. Más allá de los combustibles bonificados para pesca y maquinaria agrícola, que con el incremento sin fin de precios ya no son tan bonificados. No se han previsto bonificaciones, reducciones o exenciones de impuestos o cotizaciones, ni mecanismos de compensación de precios en los suministros, ni tan siquiera un “gasta hoy y paga más tarde a plazos”. Nada. Se le ha dejado a su suerte.

Aunque tal vez haya otras intenciones, ya que parejas a las manifestaciones de los “primarios” y a las campañas de “los medios”, casi siempre aparecen proyectos de macro granjas, de macro explotaciones agrícolas o de macro piscifactorías. A todas estas “macro” que por supuesto no contaminan, ni gastan agua, ni vierten nitratos, ni emiten humos... siempre les estorba lo mismo: la gente que vive en el campo, en la vaciada.

Las empresas y trabajadores del sector primario fueron “héroes”, dieron de comer al país cuando todo estaba cerrado por la pandemia, lo que se llama un “sector estratégico” como se diría en algunos ámbitos. Esa labor, ese esfuerzo, esa constancia, ese compromiso, el país se lo está reconociendo, “pagando”, tan bien que para la próxima pandemia es posible que ya no haya que ayudarle el día después, y también que falten productos en los supermercados el día antes. En el sector primario la media de edad de sus titulares supera los sesenta años de edad, es decir, apenas hay renovación generacional, y con estas “ayudas” menos que va a haber.

Camioneros: sin futuro

Camioneros: sin futuroLos transportistas fueron otro grupo de héroes, también en vías de extinción. Cuyo único reconocimiento a su labor ha sido, en muchos casos, la precarización de sus condiciones de trabajo. Lo que lleva a que cada vez haya menos personas dispuestas a trabajar en ese sector, que se está convirtiendo en el trabajo de los “desesperados”, personas en paro de larga duración, con más de cuarenta y cinco años de edad, que ven en el camión y la carretera el último cartucho para poder vivir. Tampoco es bueno.

Conclusión

España ha maltratado a sus “héroes de la pandemia”:

El personal sanitario, altamente cualificado y formado en instituciones públicas, ha sido tratado como clinex desechables. Tienen la suerte de que en el extranjero se les valora mucho más que aquí, muchos se irán y ya nos acordaremos cuando vuelvan a ser imprescindibles y no estén.

El sector primario simplemente se muere por el desinterés, desidia y olvido de quienes deberían tenerlo como prioritario. Sus motivos e intereses tendrán, no siempre confesables, o más bien inconfesables. Pero el día que los campos propios no puedan abastecernos de alimentos porque hayan sido asesinados para favorecer los intereses de macro explotaciones o de macro importadores de miserias, entonces, cuando vuelvan a ser imprescindibles, nos enteraremos de lo que cuesta levantar una azada.

El sector del transporte... este ya está muerto. El sector está recurriendo a la contratación de transporte en terceros países de condiciones laborales y de vida más precarias.

...pero ya sabemos lo que se dijo hace mucho tiempo por estas tierras: “Roma no paga a traidores”. Ahora habría que decir “España no cuida a sus héroes”. En esencia son lo mismo, seguimos en el mismo sitio: traicionando a nuestros héroes.


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